Los Ausentes, coreografía de Ívol Timaure

Siempre he pensado que los artistas son comunicadores por excelencia. El arte, desde su punto de vista más fundamental, es una vía para expresar emociones e ideas de la forma más empática posible. No basta con solo bailar bien, pintar bien, esculpir bien, escribir bien, si un artista no logra comunicarse con las personas a través de su arte entonces algo muy importante está faltando.

Hace ya bastante tiempo cuando veía música en la primaria, nuestro maestro nos decía que un músico no “toca” cuatro, lo interpreta. Para ese entonces no me pareció más que una sofisticada manera de referirse a la acción de tocar un instrumento, pero luego con el tiempo lo fui entendiendo. Un artista interpreta para nosotros lo que la música, la textura, la forma, el tiempo, el suelo, las nubes, el aire, el mundo en general nos dice, pero no somos capaces de entenderlo por nuestra propia cuenta. Piensen en un artista como un interprete de idiomas, solo que más allá de las palabras lo que el interpreta es la misma esencia de la existencia. Y esto no es fácil de hacer. Se puede aprender, se puede nacer con él, pero aprender a utilizarlo es muy difícil, porque ser artista es conocer el camino para tocar emocionalmente a las personas, y este no siempre es un camino sencillo.

 

Por eso cuando vi la coreografía de Ívol Timaure, “Los Ausentes”, quedé profundamente emocionado. Por un lado porque no pude evitar sentir simpatía por su mensaje, lleno del mismo sentimiento que me invadió luego de la partida de mi propio padre. Y por el otro lado por la calidad interpretativa, tanto de Ívol para sacar todos esos sentimientos y colocarlos sobre la escena como de los mismos bailarines: Willy Reyes, Yoii Salom, Adriana González Balzán, Isaac Tablante y Mari Ramirez Osorio, sin cuya calidad interpretativa los sentimientos de Ívol no encontrarían la forma de llegar a nosotros.

Los Ausentes es una obra sólidamente presentada, con muestra de técnica y desenvolvimiento por parte de sus intérpretes. Disfruté en particular de la fuerza física, los cambios de ritmo y del abanico de emocionales que brotaban de los cuerpos de los bailarines. Es sin duda una pieza digna de ser vista y disfrutada por el público general.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *